Lionel Messi devolvió la alegría a la Argentina. En un momento crispado, con crisis económica, y fractura política, el capitán de la Selección Nacional unió a una sociedad que tiene pocos argumentos para sonreír cuando desde la Casa Rosada se articula un discurso unilateral y endogámico.
El triunfo ante Inglaterra quedará en la historia popular, no solo por su impronta deportiva: hubo una reivindicación directa a la soberanía nacional en las Islas Malvinas, que fue repudiada por Javier Milei y su entorno oficial.
El presidente apeló a la diplomacia para justificar las críticas a los jugadores que plantaron la bandera de Malvinas tras derrotar a los ingleses, un discurso político que se vuelve abstracto frente a un sentimiento popular que excede al propio gobierno.
Messi cerró una era dorada para la Argentina. Un tiempo de sonrisas, emoción y alegría compartida.
Un momento que ya es historia, y que no sabemos cuándo se repetirá.


