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Francisco y Bonafini

Francisco y Bonafini

Notas

Hebe de Bonafini siguió órdenes de Cristina Fernández y atacó con ferocidad a Jorge Bergoglio cuando se transformó en el Papa Francisco. Cristina odiaba a Bergoglio por sus críticas a la corrupción política y temía que su principal enemigo eclesiástico usara su poder terrenal para desnudar sus troperías en Balcarce 50. Pero el Papa aplicó su poder para contener a CFK, y Bonafini ajustó su discurso a la compasión que llegaba desde Santa Marta. “Nos equivocamos con él, hay que pedir perdón”, dijo Bonafini tras una audiencia con Francisco en Roma.

Francisco y Bonafini en Santa Marta
Francisco y Bonafini en Santa Marta

La predisposición de Francisco para recibir a los dirigentes sociales cercanos a CFK contrastó con su trato dado a Mauricio Macri en la primera audiencia que ambos protagonizaron en el Vaticano. Hubo frío diplomático y la audiencia se extendió por escasos 22 minutos. El Presidente hizo muchos esfuerzos para contener su desazón y ordenó planificar una segunda audiencia que permitiera profundizar las relaciones con el Papa. Los esfuerzos sirvieron y Francisco se mostró más amable con Macri y su familia.

Francisco, Macri y su familia en el Vaticano
Francisco, Macri y su familia en el Vaticano

Pero ese acercamiento personal y político quedó entrampado en la particular mirada que Francisco tiene sobre la realidad política de la Argentina. El Papa escucha con atención a sus visitantes de origen peronista y oye con prejuicio a los funcionarios de Cambiemos que atiende en Santa Marta. Ese desbalance en su perspectiva sobre la agenda nacional determinó que el Papa se resista a visitar al país y redacte cartas de sorprendente texto a favor de dirigentes sociales que han perdido el prestigio ganado en las peores épocas de la Argentina.

La señora de Bonafini hace ya mucho tiempo que ha dejado de ser Hebe, la líder de los derechos humanos que enfrentó la dictadura militar. Bonafini está acusada por la justicia federal, ha manchado el pañuelo de las Madres con la corrupción ejecutada durante la administración de Cristina y su pensamiento exhibe un autoritarismo ideológico que recuerda los años de sangre y plomo de la Argentina.

El Papa escribió una carta a Bonafini que defiende su desobediencia procesal ante las causas judiciales abiertas en su contra. Y la carta fue difundida por Bonafini para exhibir un respaldo que la convierte casi en una imputada intocable. “No hay que tener miedo a las calumnias. Jesús fue calumniado y lo mataron después de un juicio ´dibujado´con calumnias. La calumnia solo ensucia a la conciencia y la mano de quien la arroja”, dice la esquela que recibió Bonafini desde el Vaticano.

Francisco se encerró en su laberinto y no mide el peso de sus palabras. Bonafini tiene muchas pruebas en contra y la causa penal Sueños Compartidos no es una calumnia. Es una investigación minuciosa que demuestra que Bonafini desvió fondos públicos que estaban destinados a la construcción de viviendas sociales. El Papa debe escuchar otras voces, porque sus errores castigan su imagen pública y su rol en la agenda doméstica.

Hebe, la madre del Pañuelo Blanco, ya pertenece a la historia heroica de la Argentina. Bonafini tomó su lugar, y algún día pagará sus deudas con la justicia federal.

Francisco debe asumir las diferencias. Hebe y Bonafini ya no son lo mismo.