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Manzana rodeada

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Notas

La confesión de José López pone a Cristina Fernández en la puerta de la cárcel. López aseguró que los millones de dólares que dejó en el convento pertenecían a CFK, y Claudio Bonadio y Carlos Stornelli creyeron en la declaración del exsecretario de Obras Públicas. El juez y el fiscal consideran a López un arrepentido y eso implica que su testimonio es verosímil y clave para la causa de los cuadernos.

Cristina no contestó a la confesión de López. Sólo posteó un vídeo cuestionando a los allanamientos ordenados por Bonadio. Ya se sabe que Bonadio es un juez intermitente, y por eso tiene el record de juicios políticos presentados en el Consejo de la Magistratura. Pero de todas maneras, y al margen de la propia naturaleza jurídica de Su Señoría, la causa cuadernos tiene evidencia suficiente para probar que la expresidente cometió múltiples actos de corrupción. Y esa evidencia no se anula con un vídeo de 17 minutos comentando el estilo de Bonadio para allanar moradas en el sur de la Argentina.

Cristina tiene una sola herramienta para mantener su libertad: la situación económica. Si la crisis continúa, a muy pocos le van a importar sus actos de corrupción. Y entre los pocos hay que descartar a la mayoría de los senadores justicialistas, que sostienen sus denominados fueros parlamentarios con una interpretación falaz y corporativa. La devaluación, el desempleo, el riesgo país y la caída de la producción juegan a favor de la libertad de la expresidente. Y ella se apalancará sobre la crisis para sostener que está siendo perseguida para ocultar los resultados del programa económico de Mauricio Macri.

Son dos temas diferentes: la economía aún no funciona, es cierto. Pero Cristina ya no puede demostrar su inocencia. Ni con un acto de magia.