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Pax Americana

Pax Americana

Notas

Donald Trump transformó el sistema multilateral en una pila de escombros. Ocurrió durante la cumbre del G7 en Quebec, cuando enfrentó sin maquillaje diplomático a  Alemania, Japón, Francia y Canadá, para evitar que el documento final explicitara la defensa de la libertad de comercio y la importancia de la cooperación a nivel global. Trump consolidó su Pax Americana modelo 2018 y marcha hacia las elecciones de medio termino con fuerte respaldo político doméstico, una economía fortalecida y un puñado de graves investigaciones judiciales que no aplacan la voracidad del Presidente de los Estados Unidos.

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, enfrentó a Donald Trump para defender la libertad de comercio

La secuencia arrolladora de Trump en Canadá inició cuando propuso incorporar a Rusia al G7, que fue expulsada del entonces G8 cuando se apropió la Península de Crimea durante la crisis de Ucrania. Una provocación sin sentido cuando ya había desairado a Francia al sepultar el tratado de Cambio Climático de París y había impuesto barreras aduaneras al aluminio y al acero que exportaba la Unión Europea hacia los Estados Unidos.

«Puede que al presidente estadounidense no le importe estar aislado, pero tampoco nos importa firmar un acuerdo de 6 países si es necesario. Como estos 6 países representan valores, representan un mercado económico que tiene el peso de la historia y que ahora es una verdadera fuerza internacional «, replicó Emmanuel Macron, presidente Francia, hasta ese momento el líder político europeo que más contenía a Trump. A Vladimir Putin no le importa regresar al G7 (exG8) y la propuesta de Trump no fue una acción coordinada entre la Casa Blanca y el Kremlin. Sencillamente, Trump se mueve en la arena global como un aprendiz de la política internacional.

Trump, Christine Lagarde y Merkel. Frío político y distancia personal

Pese al discurso rupturista de Trump, los líderes del G7 buscaron acordar un documento final que incluyera los intereses de todas las partes en conflicto. Es el mundo de la diplomacia, adonde un texto simple y con escasos adjetivos puede postergar para otra oportunidad una crisis internacional. Sucedió durante la Cumbre del G20 en Hamburgo y también en la reunión de la OMC en Buenos Aires.

Pero en esta oportunidad, Trudeau no aceptó el maltrato de Trump y en la conferencia de cierre del G7 avanzó sin eufemismos. «Los canadienses somos amables y razonables, pero no nos van a avasallar», enfatizó Trudeau, cuando Trump ya había abandonado Canadá.  Al premier canadiense le irritó que su colega americano hiciera estallar el NAFTA y encima alegará que el acero y el aluminio de su país pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Trudeau quemó el guión original, y a Trump no le costó nada prender fuego toda la pradera.

«Sobre la base de las falsas declaraciones de Justin (Trudeau) en su rueda de prensa, y el hecho de que Canadá está gravando con aranceles masivos a nuestros ganaderos, trabajadores y empresas, he instruido a nuestros representantes para que no apoyen el comunicado mientras miramos los aranceles sobre los automóviles que entran en el mercado estadounidense», escribió Trump en su cuenta de Twitter al conocer los comentarios del primer ministro de Canadá.

El problema ahora se trasladó a la Cumbre del G20 en la Argentina. Mauricio Macri deberá extremar sus habilidades políticas para evitar que el G20 se parezca al G7, o que implique una mayor profundización de la crisis en la agenda multilateral. El desafío de Macri es fácil de presentar: si no despliega una estrategia diplomática ajustada a los tiempos políticos y a los intereses de las partes, Trump podría dar el portazo en Buenos Aires.

Y eso sería una catástrofe geopolítica.