Donald Trump firmó en el Palacio de Versalles un Memo de Entendimiento con Irán que abre un proceso de 60 días para cerrar una compleja negociación que permitiría un escenario geopolítico inédito en Medio Oriente.
Trump sostiene que desmantelará el plan nuclear de los ayatollahs, un objetivo clave de su agenda presidencial que Teherán rechazan sin titubear. A su vez, el régimen chiíta exige que Estados Unidos levante las sanciones financieras y descongele millones de dólares que pertenecen a Teherán.
La Casa Blanca planteó el asunto en términos binarios: si Irán quiere sus fondos congelados, primero debe enterrar su programa atómico, una hipótesis de trabajo que nunca sucederá en tiempos del líder religioso Mojtaba Khamenei y la Guardia Revolucionaria.
En este contexto, Estados Unidos e Irán se apoyan en lo simple para construir una negociación que siempre será inestable. Trump logró que Khamenei abra el estrecho de Ormuz, y Khamenei obtuvo que Trump levante las sanciones que había para comercializar el petróleo iraní.
Negocio político para los dos: bajará el precio de la nafta en Estados Unidos, a pocos meses de los comicios de medio término, e Irán recibirá millones de dólares para estabilizar su economía, mantener su estado represivo y continuar con su programa militar.

