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Respiro

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Sergio Massa logró el milagro geopolítico de cerrar un acuerdo inédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) apalancado en la administración de Joseph Biden y el régimen comunista que lidera Xi Jinping. El ministro de Economía no cumplió las metas del último trimestre, y sin embargo, Kristalina Georgieva aceptó desembolsar 7.500 millones de dólares entre fines de agosto y mediados de septiembre.

Ese giro millonario engrosará las reservas del Banco Central y Massa lo usará en los mercados si el aumento del dólar complica la economía y su carrera presidencial. Georgieva abrió la mano por orden de la Casa Blanca, que no desea ruido en América Latina y avala la mirada ideológica que Massa tiene sobre la región y el mundo.

Pese al respaldo de Biden, el Palacio de Hacienda tiene un problema a resolver antes que concluya julio. Necesita 2.600 millones de dólares para no caer en default ante el FMI. Y en este escenario, Massa apeló a su conocido pragmatismo y negocia una ampliación de la libre disponibilidad del swap chino, que hasta ahora es de 5.000 millones de dólares. El swap es manejado por el Banco Central y ya se gastó cerca de 3.500 millones de dólares.

Es decir: si Massa quiere cumplir con su palabra ante Washington -pagar la deuda que vence en julio-, deberá cerrar un trato con Beijing, que aspira a desplazar la influencia de Estados Unidos en América Latina. Xi Jinping ya adelantó -por canales diplomáticos- que está dispuesto a ampliar el swap a otros 5.000 millones de dólares.

El líder comunista no explicitó que pretende a cambio del rescate financiero de la Argentina, pero la Casa Rosada lo intuye: manejar la Hidrovía, acceder a contratos en comunicaciones -5G- y ser proveedor de aviones para la Fuerza Aérea. No es poco por 5.000 millones de dólares que habrá que devolver con sus respectivos intereses anuales.