Javier Milei y Luis Caputo aplican un plan de ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Argentina ha cumplido las metas de superávit fiscal, emisión monetaria y reservas del Banco Central. Tambien cayó la inflación y el alineamiento con Estados Unidos facilita las inversiones privadas en energía, minería y agroindustria.
Pero la economía no crece en promedio, el desempleo aumenta, sube el riesgo país y la confianza en el Gobierno se encuentra en su punto más bajo desde que Milei sucedió a Alberto Fernández en la Casa Rosada.
Las turbulencias benefician al proyecto peronista que tiene a Axel Kicillof como figura principal, mientras Cristina y Maximo Kirchner esperan agazapados por una oportunidad que hoy tiene escaso consenso popular.
Milei ha dicho que no se moverá un centímetro de su guión original, mientras que Patricia Bullrich no quiere repetir la experiencia de Mauricio Macri, que embobado con el programa del FMI perdió la reelección ante el kirchnerismo.
El presidente enfrenta su peor dilema político: escucha a la gente y sale de la ortodoxia de su pensamiento económico, o puede continuar su saga ideológica y transformar la turbulencia actual en la tormenta perfecta.

